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Cómo sobrevivir a un cambio de país...y disfrutarlo

01/10/2016

 

Durante 13 años Holanda fue mi “lugar en el Mundo”. Al principio no fué más que eso: unas coordenadas dónde localizarme, porque francamente poco o nada tenía que ver con un “hogar”. Andaba perdida intentando encontrarle el pulso a la capital de las 1000 culturas, Amsterdam.  Según fui descifrando su código -no escrito en ninguna parte, pero latente en cada calle-, fué mutando en “ciudad amiga”. Nos fuimos conociendo mutuamente con cierto recelo -el que surge de lo que es muy "diferente"-, pero también con mucho asombro y excitación.

Hasta ahí nada fuera de la normalidad. Este suele ser un proceso compartido por casi todo aquél que se embarca en la aventura de cambiar, de forma voluntaria, su tierra natal por otra de acogida. 

Curiosamente, es en este momento donde tienden a darse las primeras bajas. Cuando no se ha conseguido sintonizar con la esencia de ese país o ciudad concreta, aparece el rechazo, y de su mano -en muchas ocasiones- el regreso al país de origen....con todo el desencanto que eso conlleva.

Cuando, al contrario, se consigue apreciar el ritmo de esa ciudad y se comienza a bailar al son que marca, surge la admiración previa a la Rendición a sus Encantos. No estará exenta de retos el resto de esa relación, pero habrá comenzado con buen pie y a buen ritmo.

 

Uno de los encantos que suele enamorar al Expatriado, y que ayuda a entrar en la ansiada "ZONA DE DISFRUTE" tras el caos original, es sin duda la DIVERSIDAD que se encuentra al aterrizar más allá de nuestras fronteras.

Personalmente, estoy casi segura de que ese concepto se gestó en alguno de los famosos mercados de Amsterdam. Probablemente entre el puesto del tendero holandés de quesos con sus zuecos de madera, el de la mujer surinamesa que vendía ropa de verano bajo una lluvia persistente, el food-truck de la familia indonesia que servía nasi y bami a las masas hambrientas y el mini-puesto del turco de al lado que preparaba unos “falafels” gloriosos.

Un paseo por el Albert Cuyp Markt -reemplácese ese nombre por el del mercado principal del país o ciudad en cuestión donde se resida-, te llena los oídos de idiomas diferentes, asombra con las infinitas fisionomías, los colores -de piel, cabello o indumentaria- y antes de darte cuenta dejas de ser observador. Como actor, acabas echando un pulso a lo "diferente". Si ganas, te enganchas a esa DIVERSIDAD. La buscas, la aprecias, la valoras, y exploras lo que te atrae y lo que no. Procedes a incorporar aquellos aspectos que resuenan en tí y disfrutas modelando aspectos de ti mismo que reflejan esa vibración y te hacen sentir más tú. Más auténtico. Más en concordancia con quién eres, con cómo piensas, con qué sientes.

 

EN UNA PALABRA: CAMBIAS.

 

Y eso genera revuelo (interior y exterior). Algunos de esos cambios, los que se dan con mayor rapidez (y que suelen coincidir con los más radicales) se desvanecen antes o después...se quedan en una simple moda pasajera de adaptación. Pero los cambios que se experimentan como una liberación, son los que realmente han sabido tocar una tecla interior tuya que ha sonado bien. Esas son las notas que pasan a ser ya parte de tu Melodía Personal. Aunque quizás no te hayas dado cuenta. 

Los que sí lo harán, curiosamente, por muy sutiles que sean esos cambios, son las personas de tu entorno cercano, en tu país de origen. Pareciera que han estado ejercitando al máximo su afinadísima-capacidad-de-detección-inmediata-de-los-cambios-más-mínimos-en-tu-persona desde el momento en que te despediste. Y prepárate… sacarán la artillería pesada en tu primera visita. A veces incluso en tu primera video-llamada de Skype. Con todo lujo de detalles te dejarán saber lo mucho-muchísimo que has cambiado (incluso si sólo llevas tres meses fuera). :)

Si no eras consciente de que se estaban dando esos cambios, es una oportunidad de oro para preguntarte si eso que perciben los demás  es algo que quieres para ti. Si sientes que te sienta como un guante ese cambio, congratúlate. Está incluido en el paquete de "buenas cosas que le ocurren a un Expatriado". Y es para tu disfrute.

Un cambio consciente es única y exclusivamente decisión tuya

aunque a muchas personas les cueste aceptarlo. Cuanto más cercanas a tí sean esas personas, más desconfiadas se mostrarán incluso. Por suerte, en tí está el facilitar a tu entorno esa aceptación. ¿Cómo? Tirando de paciencia (cantidades industriales en algunos casos) y buena comunicación.  

Ahora bien, si se te ha adherido algo de esa cultura con lo que realmente no te identificas, es el momento perfecto para desprendértelo, y ya de paso, agradecerle a tu entorno el mencionártelo. Aún en la lejanía, te siguen cuidando. Y eso merece ser valorado.

¿Qué ocurre cuando se pierde ese pulso del que antes hablábamos? Que los prejuicios, el miedo a lo diferente, la inseguridad o los falsos mitos que alguien te vende como verdades, nublan todo lo positivo que la DIVERSIDAD puede ofrecerte. Generalmente eso te empujará hacia el aislamiento, el encerrarte en lo conocido, a rechazar lo que no es “lo tuyo de siempre” o a buscar la compañía exclusiva de los que "son como tú". Lo triste de esta situación es que la experiencia se reduce a su expresión mínima, a estar limitada, siendo en muchos casos frustrante, solitaria y hasta dolorosa para un Expat. 

¿Qué hacer en este punto?

 

 

 

                      ¿Marcharse a pesar de los pesares?    ¿Quedarse en ese micro-mundo aislado?

 

Más allá de jugártelo a los dados (poco recomendable), y de tararear el famoso hit "Should I stay or Should I go" de los The Clash hasta la saciedad, son muchas las alternativas que tienes. Pero cuando identifiques QUE ES LO QUE NECESITAS EN ESE MOMENTO CONCRETO  y QUE QUIERES CONSEGUIR DE ESTA EXPERIENCIA podrás tomar una decisión sólida, coherente con tus prioridades y que te proporcione la oportunidad de cambiar a mejor.

Yo incorporé el amor por la multi-culturalidad a mi forma de ser (muchos años después sigue igual de latente que entonces). Pero paradójicamente, cuando ya había aprendido a  “bailar” con mi ciudad de acogida en vez de “pelearme” con ella, fui consciente de que su ritmo y el mío eran diferentes. Por lo que aposté -de nuevo- por el cambio. No de país, pero si de ciudad. Leiden fue mi siguiente parada. Y después La Haya. Y muchos años después le siguió Haarlem.

Cada ciudad -por no mencionar cada país- tienen una “personalidad” concreta especial y cautivadora, y todas ayudan a moldear, pulir y conectar con diferentes aspectos de tu forma de ser. Para mí, ese cambio de ciudades resultó ser la solución perfecta para mi necesidad de cambio a mejor. Otros aspectos de mi personalidad, a pesar de mis mudanzas, se han mantenido inalterables. La totalidad de ellos me hacen ser quien soy. Y sé a ciencia cierta, que seguiré cincelando según esté expuesta a diferentes lugares.

Como anotaba en el reportaje "Cómo te cambia la ciudad en la que vives" en el portal de 0034expat.com : Soy un “Work In Progress” permanente!  Y eso lo compartimos muchos de los que somos, hemos sido y seremos EXPATS.

 

No sólo es posible sobrevivir a un cambio -recurrente o no- de país, sino también disfrutar de todas las oportunidades que esa experiencia te ofrece a modo de regalo. 

 En tí está decidir si lo quieres.

 

                                                                                                                                                                         blancocoaching.com

 

 




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